Reflexiones sobre los derechos de las niñas y adolescentes en tiempos de COVID-19 desde una perspectiva juvenil

Imagen: Jóvenas Latidas

En tiempos de confinamiento debido a la situación del COVID-19, la libertad parece ser el derecho más anhelado; me recuerda la importancia de garantizar los derechos de las niñas, adolescentes y jóvenes a su desarrollo pleno, autónomo e informado.

Hoy más que nunca, es necesario devolver la mirada a las niñas, adolescentes y jóvenes; ante una situación trascendental que estamos enfrentando y que impacta en la garantía de los derechos fundamentales como la educación, la salud y una vida libre de violencia.

En este aspecto, los Matrimonios y Uniones Infantiles, Tempranas y Forzadas (MUITF) deben figurar siempre como un compromiso estatal y de la sociedad en general, así como ser tomados en cuenta en todas las iniciativas implementadas para controlar la pandemia, recordando que los derechos de las niñas y adolescentes son interdependientes entre sí.

Ilustración de Edith, con globo de diálogo, "Anhelo que los derechos de las niñas, adolescentes y jóvenes sean respetados y garantizados."

Imagen: Jóvenas Latidas

Por otra parte, esta pausa obligatoria a muchas de las actividades que realizamos nos permite tener mucho tiempo para la auto reflexión.

En este sentido, me permito contarles un breve pedazo de mi historia.

Nací en la ruralidad de Honduras, donde hay pocas oportunidades de educación y de donde una gran parte de la población joven quisiera emigrar.

Soy parte de una pequeña población privilegiada de mi pueblo que tuvo acceso a educación universitaria, que me permitió hace pocos años trabajar desde la defensoría y promoción de los derechos humanos.

Hoy, pienso en las niñas y adolescentes a quienes sus proyectos de vida les son limitados. La idea del amor romántico y la violencia generalizada las hace presas de los MUITF, como el único plan de vida.

Lo anterior es una muestra de cómo la educación es vital para que las niñas y adolescentes podamos lograr nuestros sueños e inspirarnos mutuamente a que no estamos solas y que sí podemos lograr lo que nos propongamos, más allá de ser pareja y madre.

Hoy más que nunca se debe garantizar el derecho a la educación no solamente desde los conocimientos académicos, sino también esa educación laica y científica orientada en la salud sexual y reproductiva. Por lo cual es importante hacer un llamado a los Estados a garantizar la educación desde una mirada de inclusión y empatía.

Adicionalmente, desde las experiencias conjuntas con las comunidades en Honduras, es vital recordar que – para el abordaje de los problemas que tienen su base en las relaciones desiguales de poder como los MUITF y que afectan a las niñas, adolescentes y jóvenes – podemos:

  • Promover la sensibilización más que la información basada en lo prohibitivo y punitivo que enfatiza la ley.
  • Fomentar el poder y voluntad de las niñas, adolescentes y jóvenes. El Objetivo de Desarrollo Sostenible 5 promovido por la agenda de las Naciones Unidas – específicamente en el ODS 5.3 – menciona el “Eliminar todas las prácticas nocivas, como el matrimonio infantil, precoz y forzado y la mutilación genital femenina” como acción clave para alcanzar la equidad de género. Por lo cual, es vital incluir en las reflexiones a las adolescentes y jóvenes en los espacios de toma de decisión; y el cómo ellas pueden ser aliadas para mitigar estas desigualdades.

En conclusión, los tiempos atípicos que estamos enfrentando deben ser espacios de cimentación de los compromisos de los actores estatales con los derechos de las niñas, adolescentes, jóvenes y mujeres.

Garantizar nuestros derechos es promover la agenda de desarrollo, pero también el compromiso histórico de aminorar las desigualdades que, en esta pandemia, se han agudizado.

Podemos terminar con los MUITF a través de la educación, la sororidad y las reflexiones entre los diversos actores.