Ya no estamos solas: Niñas, adolescentes, jóvenas y mujeres alzan la voz ante las injusticias en América Latina y el Caribe

Imagen: Jóvenas Latidas

Aún recuerdo siendo niña, una pequeña taciturna y tímida, que siempre pasaba desapercibida entre las personas.

A veces creo que cada etapa de mi vida marca ciclos con diferentes cambios y evoluciones en mí. De ser esa pequeña, me volví una mujer capaz de  reconocer la fuerza de mi voz y alzarla ante las injusticias.

Debo admitir que el estar y aprender de otras mujeres ha sido clave en mi desarrollo personal y en mi emancipación, sobre todo en sentir que pertenezco a una tribu, y que aún en la distancia mis amigas de lucha me acompañan.

Crecer y tomar mayor conciencia de mi realidad trajo consigo indignación y rabia pero también deseos de actuar, al ver datos tan fríos e historias dolorosas de niñas, adolescentes, jóvenas y mujeres, de quienes sus cuerpos han sido atravesados por la violencia de un sistema patriarcal y machista. No dejando a un lado que a las mujeres que somos indígenas nos golpea más fuerte el racismo y clasismo que se encuentra enraizado en nuestros sistemas de justicia y en la sociedad.

Ilustración de Ketzal'í con el texto "Es importante tejer lazos desde nuestros territorios para luchar y acompañarnos ante las realidades que vivimos."

Imagen: Jóvenas Latidas

Justo la actual pandemia por COVID-19, viene a desnudar la realidad precaria en la que se encuentra Latinoamérica y el Caribe, y sobre todo a realzar las desigualdades sociales y económicas de nuestros países,  dejando a la luz la  marginación, represión  y sometimiento de las mujeres y los pueblos indígenas.

El actual confinamiento nos afecta de diferente forma. Han aumentado las cifras de violaciones sexuales hacia niñas, adolescentes, jóvenas y mujeres y se han criminalizado y sometido comunidades a causa de la defensa de los recursos naturales para garantizar el control sobre territorios. El acceso a servicios como el agua sigue siendo un privilegio, el acceso a justicia para las mujeres indígenas es discriminador y racista ya que los procesos siguen siendo burocráticos y monolingües, no dejando a un lado que nuestrxs operadores de justicia se encuentran cooptadxs y lejanxs de  nuestras comunidades, lo que dificulta el proceso de denuncia y acceso a información.

Así mismo la asignación de tareas domésticas y abastecimiento de alimentos recae en los hombros de las niñas, jóvenas y mujeres. Esta constelación de discriminaciones agravadas por el confinamiento es un conductor importante de los Matrimonios y Uniones Infantiles, Tempranas y Forzadas (MUITF).

Soy consciente de los desafíos que enfrentamos, pero considero que la actual pandemia puede ser una ventana de oportunidad para analizar cómo hemos estado viviendo, cómo son nuestros sistemas de justicia y gobernanza, y si realmente funcionan o solamente han empobrecido y creado una institucionalidad débil.

Creo firmemente en que podemos avanzar y generar cambios positivos en nuestros territorios. Algo que alimenta mi esperanza es saber que ya no estamos solas; aún en la distancia nos acompañamos como niñas, adolescentes, jóvenas y mujeres, y cada vez somos más.

Mientras haya una voz que se alce ante las injusticias habrá esperanza.  El papel de las niñas, adolescentes, jóvenas y mujeres es fundamental en estos procesos. Por ello, es necesario ayudar a otras a reconocer la fuerza de su voz, involucrarlas y crear espacios de participación.

Yo era una niña indiferente a todo el mundo del activismo, pero tener acceso a información cambió el rumbo de mi vida, actualmente he trabajado en la incidencia comunitaria y a nivel nacional, en procesos de acercamiento con actores claves, docentes, técnicxs de campo  y mujeres jóvenas para la sensibilización y toma de acciones a favor de las niñas y adolescentes en Guatemala. Por ello considero que es necesario llegar a fortalecer una generación de mujeres empoderadas, que se reconozcan como sujetas políticas y actoras de cambio, y así también exigir y regresar la responsabilidad a nuestros Estados, para que se garantice mejores condiciones de vida para las mujeres, niñas, adolescentes y jóvenas de Latinoamérica y el Caribe, legislando e invirtiendo a favor y no en contra de ello.

A pesar de tener un panorama sombrío, aún hay luz, en aquellas personas que denuncian, se rebelan, y alzan la voz. Resistiendo de diferentes formas, desde la calle, el periodismo e investigación, el arte, los colectivos juveniles, mujeres indígenas, garífunas, xincas, feministas,  la academia, la radio, desde la cárcel a aquellxs que han sido encarceladxs de manera injusta por la defensa de los territorios o desde las redes sociales.

Mientras haya una voz que se alce, existirá esperanza y lo más importante es que estamos en red y cada vez somos más.